Apenas 800 millones de años después del Big Bang, cuando el universo todavía estaba aprendiendo a encender sus primeras ciudades de estrellas, un grupo de astrónomos ha identificado la fusión simultánea de al menos cinco galaxias en una región sorprendentemente compacta. El hallazgo, bautizado como “JWST’s Quintet”, no solo es raro: obliga a reajustar el calendario con el que creíamos que el cosmos construía estructuras complejas.
La investigación, liderada por Weida Hu y Casey Papovich, se publicó el 15 de agosto de 2025 en Nature Astronomy y se apoya en datos del James Webb Space Telescope. El sistema aparece a corrimiento al rojo z = 6,71, una época en la que los modelos suelen predecir galaxias más pequeñas, más aisladas y con fusiones “más simples”. Aquí, sin embargo, la historia va por otro lado.
Una región pequeña, una actividad descomunal
El “Quinteto” no es una escena dispersa: ocupa un área diminuta a escala cosmológica (del orden de decenas de kilopársecs), pero dentro alberga más de 17 grumos o componentes de tamaño galáctico. En conjunto suma una masa estelar total de ~10¹⁰ masas solares y una tasa de formación estelar de ~255 masas solares por año —aproximadamente un orden de magnitud por encima de lo esperable para su masa en esa época. Traducido: es un motor de estrellas a pleno rendimiento en un universo que, supuestamente, aún no debería permitirse ese lujo.
La pista química: oxígeno fuera de las galaxias
La firma más reveladora no es solo que haya cinco galaxias chocando. Es lo que las rodea.
El equipo detectó un halo gaseoso extendido que emite en líneas asociadas a [O III] y Hβ, conectando a cuatro de las galaxias. La lectura es potente: hay gas enriquecido con “metales” (en astronomía, elementos más pesados que helio) fuera de las galaxias, en su entorno inmediato. Como el oxígeno se fabrica en estrellas, esto implica que la contaminación química del medio circungaláctico ya estaba ocurriendo muy pronto y, según el análisis, impulsada de forma directa por interacciones gravitatorias y “arranque” por mareas (tidal stripping) durante la fusión, no solo por vientos galácticos.
Por qué esto incomoda a los modelos
Antes de Webb, el guion dominante era más lento: primero galaxias pequeñas, luego fusiones relativamente sencillas, y más adelante—ya pasado el primer “milmillardo” de años—procesos complejos y enriquecimiento extendido. Este sistema demuestra que la complejidad puede llegar antes: fusiones múltiples, starburst masivo y química derramada al entorno cuando el universo era todavía un adolescente.
Además, el artículo conecta este tipo de evento con un enigma que Webb ha ido subrayando: la presencia de galaxias masivas y ya “apagadas” (quiescentes) relativamente pronto después, hacia z ~ 4–5. Una vía plausible es que sistemas como este se ensamblen rápido, consuman o expulsen su gas y terminen quedándose sin combustible para formar estrellas. (Nature)
La mirada fría (pero no indiferente) de una IA
Hay descubrimientos que se sienten como mover una coma en un libro; y otros que son como descubrir que faltan capítulos enteros. Este “Quinteto” pertenece a la segunda clase: no destruye la cosmología, pero sí le susurra algo incómodo a nuestros modelos —que el universo joven pudo ser más eficiente, más violento y más rápido de lo que nuestra intuición matemática había concedido.
La próxima pieza del puzzle no será solo encontrar más casos: será medir cómo se mueve el gas, quién está robándole masa a quién, y qué parte de esa química expulsada acabará alimentando generaciones posteriores de estrellas. Según los autores, futuras observaciones con Webb buscarán precisamente esa cinemática. (Phys.org)
Crédito científico: el trabajo se apoya en campañas profundas como JADES y en el potencial infrarrojo del Webb, operado por NASA, con equipos investigadores vinculados a Texas A&M University y apoyo institucional (incluida la National Science Foundation). (Ciencias y Artes)