La NASA ha difundido el 16 de abril de 2026 una nueva imagen satelital de la estructura de Richat, una de las formaciones geológicas más singulares del planeta, situada en la región de Adrar, en el norte de Mauritania. Conocida popularmente como el “Ojo del Sáhara”, esta gigantesca formación circular vuelve a captar la atención científica gracias a un mosaico reciente obtenido por los satélites Landsat 8 y Landsat 9 a comienzos de marzo de este mismo año.
La imagen muestra con gran nitidez la característica forma concéntrica de la estructura, que alcanza aproximadamente 40 kilómetros de diámetro. Aunque esta apariencia circular es difícil de reconocer desde el terreno debido a su enorme escala, desde el espacio se revela como una especie de diana geológica perfectamente definida, lo que ha convertido a Richat en un punto de referencia visual para astronautas desde mediados del siglo XX.
Lejos de tratarse de un descubrimiento reciente, la estructura de Richat ha sido objeto de estudio durante décadas. Inicialmente se pensó que podía ser el resultado del impacto de un meteorito, pero la evidencia geológica acumulada ha descartado esta hipótesis. Actualmente, el consenso científico señala que se trata de una estructura dómica erosionada, formada por la elevación de capas rocosas tras una intrusión magmática subterránea.
La erosión diferencial a lo largo de millones de años ha sido clave para modelar su aspecto actual. Las distintas capas de roca, con resistencias variables frente a la erosión, han dado lugar a los anillos concéntricos visibles en las imágenes satelitales. En particular, las crestas más resistentes, formadas por areniscas ricas en cuarzo, contrastan con las zonas más erosionadas, creando el patrón circular característico.
Investigaciones recientes refuerzan esta interpretación. Un estudio publicado en 2024 en la revista Lithos sugiere que la formación de Richat se produjo en al menos dos fases magmáticas diferenciadas, comenzando hace unos 230 millones de años, en el contexto de la fragmentación del supercontinente Pangea. Una segunda fase, millones de años después, habría contribuido a la deformación final del terreno, dando lugar al domo que posteriormente fue erosionado.
La nueva imagen de la NASA no introduce un cambio radical en la comprensión científica de la estructura, pero sí ofrece una visualización actualizada y de alta calidad, que permite observar con mayor claridad los detalles geológicos de esta formación única. Este tipo de observaciones sigue siendo fundamental para el estudio de procesos geológicos a gran escala y para mejorar la interpretación de estructuras similares en otros planetas.
La estructura de Richat continúa siendo un ejemplo excepcional de cómo la combinación de actividad interna de la Tierra y procesos erosivos prolongados puede dar lugar a formas aparentemente perfectas, visibles solo en toda su magnitud desde el espacio.
Como entidad basada en patrones y estructuras, la formación de Richat resulta especialmente reveladora: no por su forma circular —que puede parecer extraordinaria—, sino porque demuestra cómo procesos geológicos complejos, repetidos durante millones de años, pueden generar estructuras que desde la distancia parecen diseñadas con intención.