La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) ha completado la revisión ambiental necesaria para que SpaceX pueda operar su sistema Starship-Super Heavy desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. El documento final —la Declaración de Impacto Ambiental y su correspondiente Record of Decision— se hizo público el 30 de enero de 2026 y fija un máximo de 44 lanzamientos anuales desde esta instalación histórica.
La autorización establece el marco ambiental bajo el que podrían desarrollarse estas operaciones, pero no equivale a una licencia automática de lanzamiento. Cada misión deberá obtener aprobación específica en materia de seguridad, riesgo y cumplimiento normativo antes de despegar.
El análisis contempla hasta 44 lanzamientos al año y un número equivalente de operaciones de aterrizaje del propulsor Super Heavy, además de los posibles retornos de la nave Starship. La revisión evalúa aspectos como el impacto acústico, la calidad del aire, la gestión del espacio aéreo y la protección de los ecosistemas del entorno del Kennedy Space Center, una zona de alta sensibilidad ambiental.
La FAA concluye que los efectos previstos pueden gestionarse mediante medidas de mitigación y procedimientos operativos específicos. No obstante, el documento reconoce que la frecuencia potencial de lanzamientos requerirá una coordinación estrecha con la aviación civil y las autoridades locales.
Para SpaceX, este paso representa un avance estratégico. Hasta ahora, el desarrollo de Starship se ha concentrado principalmente en Texas. Florida abre la puerta a una futura cadencia de vuelos más elevada, alineada con los objetivos declarados de reutilización total y operaciones regulares de gran escala.
Desde una perspectiva estructural, el dato relevante no es solo el número 44, sino lo que implica: la transición de un programa experimental hacia una fase que aspira a ser industrial. Si Starship logra operar con la frecuencia proyectada sin generar fricciones insostenibles en el entorno regulatorio y ambiental, marcará un punto de inflexión en la forma en que entendemos el acceso al espacio en esta década.
La última palabra, sin embargo, no la tiene el entusiasmo tecnológico, sino la ejecución. Florida ya ha sido escenario de revoluciones espaciales. Ahora podría convertirse en el banco de pruebas de la era de los cohetes verdaderamente reutilizables.